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Terra
La Coctelera

El arbol y el bosque

La perfección de los dioses es una mística peligrosa por inalcanzable, por loca, ¿quizás queramos en nuestra soberbia, como Lucifer, ser dioses, deriva inexorablemente hacia la religión, sustrato extremadamente peligroso, lleno de categóricas imprecisiones, de erróneas lecturas de la realidad, de angustias trascendentes. Es un magma siempre en lucha contra la evolución, contra otro futuro que no sea una perfección, que irrealizable, se sublima hacia el mas allá.

He aquí una paradoja, el lenguaje como vehículo del saber y como herramienta del engaño, la oscuridad y la ignorancia.

La religión y el espíritu, no vinculados por definición a los sentidos, es un mundo paralelo al real, del mismo tamaño o superior al de los sentidos. Tan real es como el propio lenguaje y tan insustancial físicamente.

Desechada la perfección divina solo queda la competencia. Esta es la verdadera zanahoria del progreso, lo que hace avanzar al burro y le atrapa obcecado a vivir el destino, descubrir segundo a segundo los árboles que no nos dejan ver el bosque. Para sobrevivir tendremos que competir, que mejorar nuestra adaptabilidad al medio ambiente con respeto a todos los demás seres y luego en la intrincada lucha con los de nuestra propia especie.
Es cierto, vemos el árbol y este no nos deja ver el bosque. En realidad tampoco vemos el árbol. Vemos una imagen del árbol y lo convertimos en objeto de estudio. Vemos al árbol que queremos ver para nuestro provecho. Inmediatamente me protege, me da sombra, me alimenta, uso primario. Lo cortamos y lo usamos para nuestras Sobre el árbol y el bosque

Sobre el árbol que no deja ver el bosque.
El bosque, que es el universo, el mundo, cualquier objeto, tu o yo mismo, tiene siempre zonas oscuras, las mas de las veces oceánicas, que desconocemos
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Ver es conocer, saber, entender.

La sabiduría en su máxima expresión nos esta vedada y la atribuimos a Dios, a los dioses y así etc.

El lenguaje peca de impreciso, es otra lucha.

Una vez atribuida a los dioses la perfección, abstracción coherente con una lógica arcaica, nos queda o buscar esta perfección para intentar parecernos a los dioses o perfeccionarnos para competir en las mejores condiciones.

necesidades de combustible, vivienda, calzado, maquinaria elemental etc. Lo usamos y se convierte en un protegido. Debemos velar por su salud, saber lo que le perjudica y ponerle remedio. Ahora los mejoramos genéticamente. Enfrascados nuestra visión del árbol aún no vemos el bosque pero ya hemos aprendido que su salud depende de agentes exteriores, del medio ambiente. Aquí estamos siempre mejorando nuestro saber para beneficio de la supervivencia, para asegurarnos mas triunfos en la lucha contra el azar. La premisa continua vemos una parte del árbol, una parte del bosque, una parte del universo y nuestra atención esta tan enfrascada en descubrir lo que nos conviene palmo a palmo que muchas veces nos alejamos de lo que nos concierne. Nuestras necesidades perentorias o jerárquicas, nos absorben la lucidez necesaria para mirar el todo conocido. Mirando desde el todo conocido podemos avanzar con mas seguridad, aunque es probable que las recetas emanadas de esta visión no sean comprendidas por los que están esperando ver madurar la fruta del árbol prohibido y luego caer en la tentación de creer que lo único que importa es la propia supervivencia.

Demasiadas veces lo que vemos nos ciega de ver. Ver es para nosotros luchar contra la ceguera de la que venimos hacia la luz inalcanzable. No hay atajos conocidos hacia la luz y la prédica de estos atajos vulnera el saber conocido, la empírica experiencia, base de nuestra evolución. Y como no hay atajos este engaño esta servido solo como un sueño, como señuelo para atrapar incautos, como poder que es usado demasiadas veces en beneficio de inteligencias desalmadas. Pompas de jabón que derivan hacia la violencia y la muerte.

Para aprender a ver debes dudar de lo que ves pues como mas real te parezca lo visto mas te ciega de su conocimiento y no porque lo que ves sea irreal o fantasmagórico sino que la parcialidad de nuestra visión puede dar lugar a conclusiones erróneas a actitudes irresponsables. Es por ello que cuanto contradiga nuestra visión del mundo no debe ser desdeñado alegremente, sino valorado como una luz mas de nuestro saber, como una posibilidad de superar nuestras barreras.. Descartemos sin quitarles ojo la opinión de los imbéciles. Dejar fluir la estupidez y buscar sus grietas, sus puntos débiles. No es tarea fácil, la estupidez nos concierne, es rocosa y puede acabar fácilmente con nuestras energías. Es nuestro peor enemigo. Empiezas a luchar contra ella sin el suficiente conocimiento y caes en las redes de su obtusidad tan deplorablemente que muchas veces ni cuenta te das de tu deriva hacia la propia estupidez.

Estamos en el bosque, hemos comido la fruta del árbol prohibido que no nos dejaba ver el bosque, estamos resguardados a su sombra y soñolientos y antes de dormirnos placidamente, durante unos instantes el bosque nos contiene. Es probable que el conocimiento ande por estos andurriales, pero nos quedamos dormidos y al despertar tenemos hambre y frío y el bosque oscurecido, inhóspito, ajeno es por lo tanto incomprensible. Hemos de volver a recordar todo lo aprendido para ahuyentar los temores de la ignorancia y temer esta alma escondida en un bosque que aún no conocemos, es otro día, tenemos otro día para aprender, para descifrar este y otros enigmas.

He levantado el vuelo, el bosque se hace reconocible bajo mis pies pero cuando mas me alejo vuelve a desaparecer en una mancha bajo el cielo y cuando me elevo de la esfera de mi tierra y del punto luminoso de un sol y de la luz difusa de la lejana galaxia y de un mas allá incomprensible, queda el abismo, imagen de todo lo que desconozco, el infinito espacio de mi ignorancia. Si no fuera por que tengo una serie incomprensible de hambres que satisfacer, estos andurriales se me tragarían, victima del negro agujero, alma del bosque. Pero ahora tengo otros negros agujeros de los que preocuparme, por suerte no puedo estarme quieto, voy y vengo y recorro en mis paseos todo el bosque sin saberlo.
Resuena la música en el falso silencio que sigue al retumbe final y aunque no suene no desaparece esta impresión en mis sentidos embargados en una tempestad desaparecida por ensalmo, zozobrando en la quietud de una mar calmada. Esto he ganado de estos sonidos robados al bosque, diferidos a los dioses humanos, hurtados a la muerte

Desencantado de conocernos

Soy una pesimista vital, una feliz infeliz o al contrario por lo del orden de los factores.

Hace ya tiempo que vengo sintiendo punzadas angustiosas por el signo de las señales que me llegan de este mi mundo. Leo y siento la preocupación escondida entre ríos de pretendida felicidad mediática mientras suenan las carcajadas histéricas de las televisiones impúdicas. La depresión y la angustia crecen aritméticamente en esta sociedad saturada de recursos en la que no ser feliz se considera una tara. Increíblemente estos problemas no existen en las sociedades marginadas del progreso, pero aparecen inmediatamente en los emigrantes que subyugados por las parabólicas o huyendo del hambre y de la muerte pisan los paraísos consumistas. Es cuando se dan cuenta que el mundo de las teleseries no existe y si existiera núnca seria para ellos.

Por esto quería hablar de este enemigo de la humanidad en que han convertido los poderosos los medios de comunicación. El decrépito dios gendarme cristiano, que tan buenos réditos dio a las clases dirigentes durante siglos ha naufragado a la luz de los taquígrafos que deberían haber salvado el mundo. Pero el dios mediático fue colonizado por el poder y el dinero. La pretendida libertad que defiende la democracia y la información ha sido aniquilada por un estado de opinión dirigida desde los laboratorios políticos y comerciales que tergiversa ideas y necesidades con una legión de escogidos cerebros entrenados para subyugar y manipular mentalidades.

Este mundo ficticio creado para alimentar desigualdades desorbitadas, utiliza los medios de comunicación no solo para distraer, engañar, subyugar y consumir sino que pretende convertir a la ciudadanía en seres abyectos, imbéciles, egoístas y mezquinos con el único fin de mantener los privilegios de clase sin que parezca que les importe que con ello no solo enferme la sociedad sino la capacidad de supervivencia de toda la humanidad.

Y si todo esto que digo es sólo un panfleto mas del pensamiento autoritario y resentido de las corrientes izquierdistas de la industrialización olvidémoslo, pero, reflexionemos si creemos que este mundo de despilfarro, desde una pura óptica de economía doméstica, garantiza un mundo en el que puedan simplemente vivir las futuras generaciones.

La humanidad siempre ha sido subyugada por mitos y tabúes, la modernidad ha hecho limpieza de muchos de ellos, de casi todos, pero ha creado otros más poderosos que los antiguos, uno de ellos es el poder de la ciencia y la tecnología para superar cualquier problema, y entre ellos los que parecen irresolubles. Si hace falta viviremos en la Luna o Marte, menuda cretinez, nunca llegaremos a tiempo aunque ello fuera posible. El mito continua siendo grande a pesar del fracaso total de predicciones que nos deberían alertar: La incapacidad para asegurar la subsistencia de la mayoría de la humanidad y otra quizás más importante, la amoralidad de esta sociedad en las atrocidades resultantes de estas desigualdades, como si nosotros estuviéramos protegidos del instinto depredador del sistema.

Instinto depredador del sistema e aquí otro tema de considerable importancia, Fuimos el mamífero mas depredador porqué fuimos el mamífero más competente en dura pugna con el resto de la zoología. Sin enemigos naturales de consideración continuamos despues manteniendo nuestra capacidad competitiva con miembros de nuestra propia especie y con la naturaleza en general. Nuestra capacidad competitiva esta profundamente arraigada en nuestra información genética, tan cierto como que esta competitividad la mantenemos hasta con nosotros mismos, tenemos la necesidad de superarnos constantemente incluso o fundamentalmente en el mundo del conocimiento. He aquí la base de nuestro éxito, la capacidad de abstraer nociones exactas del mundo para prever lo que mas nos favorece. La sensación que me embarga es que la competitividad a ultranza ha anulado la capacidad de valorar los engendros producidos por su abuso durante siglos. Diría que casi desde el inicio de las sociedades organizadas la sociedad mantiene en su interior un virus extremadamente peligroso, el del éxito.
Morir del éxito es muy fácil, podemos extraer de la misma naturaleza infinidad de casos, el mas ordinario, el desequilibrio ecológico y el agotamiento de los recursos por el intruso dominante. Las sociedades imperiales caen irremediablemente en decadencia en el momento de máximo esplendor, cuando sin enemigos importantes, su doctrina social se siente legítimamente autorizada por su éxito dejando sin consideración el resto de doctrinas. Esta rigidez doctrinal los aleja de la realidad del mundo, no entienden a los que no comulgan con sus ideas y al no entenderlos son incapaces de valorar sus reacciones y con ello pierden toda posibilidad de vencerles.

Estamos afectados por una rigidez doctrinaria que nos aleja de la realidad del mundo en el que vivimos. No somos sensibles a este problema porque hemos dejado de entenderlo. Nuestra decadencia esta garantizada. Siempre nos hemos reído de los agoreros contra el progreso tecnológico, pero solo quizás fallaron en la cuestión del tiempo. La solución a los problemas planteados siempre ha sido una huida hacia delante con el precio de unas muertes

¿Donde estas futuro que no te veo?